Reconocer la voz de Dios

Reconocer la voz de Dios¿Donde se encuentra Dios?, esta pregunta se la hace un sin numero de personas cuando pasan por situaciones adversas y no reciben la respuesta que ellos desean recibir ante los problemas que están pasando. ¿Cómo recibir respuesta de un ser que no sabemos escuchar?, o mas bien, ¿no sabemos obedecer? ¿Como obedecer a un ser que no podemos ver? .Me pregunto, ¿Cuántas veces Dios nos ha hablado y no supimos escucharlo? Un ejemplo claro es el famoso relato del creyente que se encontraba en el techo de una casa rodeada de agua, el agua subía y subía de nivel, y él muy ferviente pedía a Dios que lo ayudara y lo salvara de tan angustiosa situación, primero paso una lancha, los ocupantes le dijeron que se subiera para que se salvara su vida, mas el hombre dijo que Dios lo rescataría, de igual modo paso con varias personas que lo quisieron ayudar, pero el señor decía que Dios lo vendría a salvar, hasta que irremediablemente el hombre murió ahogado.

Cuando se dirige a la dimensión celestial, Dios le dijo, hombre testarudo, nunca supiste escuchar mi voz, mas el hombre le refuto el comentario diciendo, te estuve esperando y no viniste, Dios le contestó, que poco me conoces, acaso no te diste cuenta que la pequeña barca era pasa salvar tu vida y que todos los que pasaron por allí eran para salvarte?, hasta un helicóptero envié, y no me escuchaste, lamento decirte que realmente me conoces muy poco y no me supiste escuchar.

Realmente no sabemos reconocer la voz de Dios, nos la pasamos esperando que Dios baje a ayudarnos en persona, pero las cosas no son de esa manera, si pedimos ayuda, debemos saber escuchar la ayuda que proviene de lo alto.

¿Como reconocer la voz de Dios?

Hay un pasaje bíblico que relata la manera en que el profeta Elías supo reconocer la voz de Dios, en 1Rey 19:8-13 dice: Allí se metió en la cueva, donde pasó la noche. Y he aquí que vino a él la palabra de Jehovah, y le preguntó: –¿Qué haces aquí, Elías?10 Y él respondió: –He sentido un vivo celo por Jehovah Dios de los Ejércitos, porque los hijos de Israel han abandonado tu pacto, han derribado tus altares y han matado a espada a tus profetas. Yo solo he quedado, y me buscan para quitarme la vida.11 Él le dijo: –Sal afuera y ponte de pie en el monte, delante de Jehovah. Y he aquí que Jehovah pasaba. Un grande y poderoso viento destrozaba las montañas y rompía las peñas delante de Jehovah, pero Jehovah no estaba en el viento. Después del viento hubo un terremoto, pero Jehovah no estaba en el terremoto.12 Después del terremoto hubo un fuego, pero Jehovah no estaba en el fuego. Después del fuego hubo un sonido apacible y delicado.13 Y sucedió que al oírlo Elías, cubrió su cara con su manto, y salió y estuvo de pie a la entrada de la cueva. Y he aquí, vino a él una voz, y le preguntó: –¿Qué haces aquí, Elías?”. Este pasaje describe una situación muy particular con respecto a la relación que existía entre el Profeta Elías y Dios. El profeta Elías se encontraba muy atento ante la situación que acontecía ante sus ojos, él estaba esperando una respuesta de Dios por un problema que le estaba ocurriendo, era un momento de angustia y sabia que Dios le hablaría, y efectivamente se mostró la presencia de Dios y lo mas importante es que el profeta supo reconocer la voz de Dios, por lo que cubrió su cara.

Muchas veces pensamos que Dios se encuentra muy distante de nosotros, o en fenómenos naturales de gran estremecimiento para el hombre, sin embargo, Dios se encuentra en el momento que menos esperamos encontrarlo, puede estar allí al frente de tus ojos, el espíritu de Dios puede utilizar a la persona que tu menos piensas para hablarte y para decirte lo mucho que te ama y lo mucho que trabaja por ti, para que puedas disfrutar de todos los beneficios que solo El puede ofrecerte.

Dios habla de muchas maneras, pero, debemos encontrarnos atentos para poder reconocer la voz de Dios, “el sonido apacible y delicado”.

Reconocer la voz de Dios en la vida diaria

Recuerdo un relato que escuché en una oportunidad, trataba de un campesino y un citadino. El citadino había invitado al campesino para que conociera la ciudad, estando en una esquina muy ruidosa, el campesino le pregunta al citadino — ¿escucho ese ruido?, me es muy familiar — el hombre le contesta, — si es muy familiar escuchar las bocinas de los automóviles y la gente gritar en esta zona de la ciudad –, pero el campesino replica, — no me refiero a ese sonido, me refiero al otro, al que es muy común del lugar de donde yo vengo –, pero el citadino no podía escucharlo porque su atención se encontraba fijada en los ruidos que la ciudad emitía y estaba acostumbrado a escuchar ese tipo de ruido.

El citadino quedó con la curiosidad y regreso al mismo lugar ruidoso donde el campesino podía lograr escuchar un ruido diferente a aquellos que se emitían en ese sitio, pero esta vez lo hizo en un horario donde no se podía escuchar nada, el citadino finalmente logro percibir un ruido que salía del muro de un edificio, el ruido era prácticamente imperceptible ha pesar de no haber ruido, se trataba del ruido que emitía un grillo, sorprendido regresó al hogar donde se hospedaba el campesino y le dice muy entusiasmado, — fue el de un grillo verdad? –, el campesino anonadado le dice –que cosa–, –el ruido que usted escuchaba en la esquina ruidosa era la de un grillo?–, el campesino con una sonrisa en sus labios le dijo, si.

Este relato, aunque parezca simple, tiene mucho que mostrarnos, el citadino era una persona que estaba acostumbrado a escuchar los ruidos que diariamente la gran ciudad producía, lo que le impedía escuchar otros sonidos que se producían y que eran imperceptible al oído de este ser humano, por el contrario, el campesino no se concentró en los sonidos de la gran ciudad lo que le permitió escuchar un sonido que era prácticamente imperceptible.

¿Que quiero decir con esto? Nosotros nos encontramos envueltos en demasiado ruido que él mismo hombre ha creado para complacernos en nuestros propios placeres envaneciéndonos y esto ha hecho que dejemos de escuchar lo que realmente debemos hacer, prestar atención a la voz de Dios, nuestro pastor.

Recuerdo un día que me trasladé a un sitio y cuando llegué y apague el motor del vehículo, lo único que podía escuchar era mi respiración y el ruido del silencio. Este ruido silencioso no es más que el reflejo del ruido que perciben nuestros oídos, lo importante de esto no es el ruido del silencio, sino el sonido de mi respiración, es un sonido que existe siempre y que no podemos escucharlo porque la contaminación sónica no nos lo permite.

De igual manera, Dios nos habla, pero, no lo podemos escuchar porque nos encontramos sumergidos en los ruidos de la vanidad y de los deseos egoístas del hombre, expulsando a Dios de nuestras actividades y solo buscándolo cuando nos damos cuenta que el control no se encuentra en nuestras manos.

Amigo lector, aprendamos a escuchar, primero debemos comenzar a aprender a escucharnos a nosotros mismos, que somos de una misma especie, porque si nosotros siendo hombres y mujeres no sabemos hablar y escuchar, ¿Cómo podremos escuchar a un ser que no podemos ver? .

Después que comencemos a entendernos, debemos saber que Dios se puede comunicar con nosotros de cualquier manera, sin embargo, la comunicación más probable que podemos tener con El es cuando aparezca “el sonido apacible y delicado” porque alli podemos reconocer la voz de Dios

Dios te Bendiga Amig@ y Herman@

Categories: Vida Cristiana

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